Llega la primera edición de la Feria de Libros Científicos

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Centro Cultural de la Ciencia Foto FCB Centro Cultural de la Ciencia
Centro Cultural de la Ciencia.// Foto FCB Centro Cultural de la Ciencia

Bajo la consigna “Leé ciencia. Leé Futuro” y organizada por el Centro Cultural de la Ciencia, el próximo sábado y domingo se realizará la primera Feria de Libros Científicos, que reunirá la oferta librera de distintos sellos dedicados a la divulgación, además de actividades y charlas a cargo de la escritora Betina González y el físico y ensayista mexicano Juan Nepote.

La Feria es la primera dedicada a libros científicos y al intercambio entre lectores, autores y el acceso a un catálogo conformado por numerosas editoriales. Entre ellas, se encuentra el Grupo Planeta, Siglo Veintiuno, Fondo de Cultura Económica, Iamiqué, Norma, Akal, Estación Mandioca, Eudeba, El gato y la caja, TantaAgua, Luminias. También participan editoriales universitarias como Unsam Edita, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, Ediciones Universidad Nacional de General Sarmiento e Hygea.

«Esta primera Feria de Libros Científicos Leé Ciencia, Leé Futuro se enmarca dentro de las distintas actividades y propuestas culturales que llevamos adelante desde el Centro Cultural de la Ciencia del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación (C3) y busca promover, generar un intercambio entre lectores, autores y profesionales del sector editorial que trabajan y se interesan en temas de ciencia en los distintos géneros», cuenta la directora del C3, Guadalupe Díaz Costanzo, a Télam y agrega que piensa este evento como «punto de partida» de varias ferias por venir».

«Esta primera Feria de Libros Científicos Leé Ciencia, Leé Futuro busca promover, generar un intercambio entre lectores, autores y profesionales del sector editorial que trabajan y se interesan en temas de ciencia en los distintos géneros»Guadalupe Díaz Costanzo

«Realizamos la Feria justamente porque creemos que los libros dedicados a la ciencia son uno de los elementos fundamentales para atraer nuevas vocaciones. Argentina necesita más científicos y científicas, más tecnólogos y hoy en día tenemos dificultades respecto de las vocaciones que eligen los chicos y los jóvenes hacia la ciencia», asegura Daniel Filmus, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación e investigador del Conicet.

¿Por qué juntar, entonces, a la literatura y a la ciencia? «Juntar dos pasiones, la pasión por la ciencia y la pasión por la lectura, nos parece que es central en momentos en que desde muchos lugares se denuesta la ciencia, se plantea que Argentina no tiene por qué tener un desarrollo científico tecnológico propio y que podríamos traer todo importado desde afuera», explica Filmus a Télam.

«Nosotros vamos a insistir en que la lectura, los libros, la divulgación de la ciencia son ejes centrales de una política científica que permita llegar absolutamente a todos y todas».Daniel Filmus

Además, agrega: «Creo que el resultado de las elecciones lo que mostró es que no hay en el pueblo argentino un plafón como para privatizar el Conicet, como plantea Milei, y que el papel de la inversión pública en la ciencia es fundamental. Nosotros vamos a insistir en que la lectura, los libros, la divulgación de la ciencia son ejes centrales de una política científica que permita llegar absolutamente a todos y todas».

«En el imaginario social existen, por supuesto, dos modelos de país. Uno que Argentina tiene que estar vinculada solamente a la capacidad de exportación de productos primarios. Y otro de una Argentina poderosa, una Argentina industrial, una Argentina que lo principal que tiene que disponer es de la capacidad de agregar valor a partir del trabajo de su gente y a partir de la capacidad de innovación y desarrollo científico-tecnológico», plantea el ministro.

 
En ese sentido, dice: «La divulgación de la ciencia, por un lado, permite conocer cuáles son los aportes que la ciencia hace y defenderla. La pandemia quizás fue el mejor ejemplo de cuál es el papel que juega la ciencia cuando una sociedad tiene problemas gravísimos, pero también para otros dos aspectos».

Por un lado, «para la transformación del modelo productivo, la aplicación de la digitalización y la inteligencia artificial en los sistemas productivos que hoy son fundamentales» y por otro para «perderle el miedo a los avances científico-tecnológicos». De esta manera, dice Filmus, «saber que pueden ayudar a mejorar las condiciones de trabajo y de productividad y competitividad en Argentina es decisivo. «Por eso queremos poner a través de libros la ciencia al alcance de todos y todas», cierra el funcionario.

¿Qué tiene que tener un libro para ser considerado «científico»? «Hay que repensar qué abarca esa etiqueta, antes los libros científicos eran solos aquellos que iban en el sector ‘divulgación’ de las librerías. Hoy por suerte hay ciencia y pensamiento científico en libros que exceden esa categoría o esa idea de «bajar» un conocimiento para el gran público», dice Betina González, quien dará la conferencia de apertura del evento.

«Así como la literatura de anticipación de los 80 predijo muchas de las preguntas de los científicos, también la forma de escribir divulgación cambió mucho desde la publicación de ‘Cosmos’, el célebre libro de Carl Sagan que marcó esa década. Escrito con rigurosidad, pero en un estilo todavía enciclopédico, suponía un lector mucho más ingenuo. Con la llegada de internet y los nuevos medios de información, los libros de ciencias para el público masivo se fueron complejizando. Entonces, por un lado, por suerte, la divulgación ya no es lo que era, los libros científicos son apasionantes, muestran a los científicos y científicas en su laboratorios, haciendo experimentos, trabajos de campo, persiguiendo ideas y oportunidades para probarlas», describe la autora de «Olimpia».

De esta manera, para González, los libros científicos vienen a contar «los procesos, los fracasos, las ideas descartadas, los efectos de los inventos en las sociedades». «Basta ver la colección ‘Ciencia que ladra’ de Siglo XXI para darse cuenta de que hoy los libros sobre ciencia abarcan cuestiones tan disímiles como el calentamiento global, la cocina molecular, o un viaje imaginario por la Buenos Aires de hace un millón de años escrito por un paleontólogo, Fernando Novas. Y por suerte en Argentina contamos con grandes científicos que además son muy buenos escritores y narradores como los neurocientíficos Diego Golombek y Mariano Sigman», señala la autora de «La obligación de ser genial».

«A mí me fascinan los experimentos de Golombek con gente que tuvo experiencias de contacto con Dios y cómo la neurociencias puede tratar de explicar qué pasa en el cerebro en esos momentos. Y además está escrito con un gran sentido del humor. Y hay un programa de tele en el que muchos de los científicos nacionales han aparecido, ‘La liga de la ciencia’, que piensa también más allá de los temas obvios de divulgación», dice casi a modo de recomendación González.

Cada vez más científicos y científicas se animas a compartir contenido en nuevos formatos. «Científicas influencers como Valeria Edelsztein, que es doctora en Química y además es militante de género y autora de varios libros, y una gran escritora», ejemplifica González y también destaca la labor de Nora Bar, que se dedica hace 30 años a comunicar la ciencia. «Es muy importante en este momento oscurantista del mundo donde predominan las fake news, la posverdad y las teorías conspirativa que los científicos y escritores ocupemos espacios públicos para combatir la desinformación», señala la escritora.

El cruce de literatura y ciencia que propone esta feria recuerda cómo el imaginario sobre el campo científico estuvo muy presente en la literatura, como por ejemplo en novelas de ciencia ficción. ¿Qué pasa cuando literatura y realidad se acercan? «La tarea de escribir ficción comparte muchas cosas con la tarea de hacer ciencia, de eso se trata mi conferencia de este sábado», anticipa González.

«La ciencia ficción, dice Ray Bradbury, es la ficción de las ideas. Me gusta esa definición porque no piensa en un género definido según ciertas convenciones – que, en definitiva engloba cosas tan variadas como conejos fosforescentes, vida en otros planteas, apocalipsis tecnológicos o robots – sino en cualquier texto en cuyo centro no hay un espejo de la realidad: hay esa fiesta del pensamiento que produce una teoría; algo que no existe todavía y que la novela va a contar como si existiera», explica la escritora.

«O mejor: una idea que la novela va a llevar hasta sus últimas consecuencias, construyendo un mundo acorde a ella, imaginando cómo cambiaría lo conocido una vez que se concrete. Tomar una teoría científica y volverla novela a mi me resulta apasionante. Lo hice en Olimpia, con resultados muy sorprendentes para mí misma», recuerda la escritora, operación narrativa que también realizó Mary Shelley cuando escribió Frankenstein o Conan Doyle en las novelas del profesor Challenger.

Otro ejemplo se encuentra en «Los desposeídos» de Ursula Le Guin, escrito a partir de la teoría política sobre el anarquismo. «Pensemos también que cuando decimos ciencia estamos pensando más allá de la física y la biología, también en ciencias sociales», precisa González.

En este contexto, la Feria de Libros Científicos representa “un gran punto de llegada”, según dice la directora del C3, espacio que se prepara con emoción para reivindicar la ciencia en la primera feria de libros científicos este fin de semana.

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