Alberto Domínguez, un atleta de 77 años, ha demostrado que la pasión por el deporte y la vida son más poderosas que cualquier adversidad. Su historia comenzó a los 49 años, cuando, tras recibir un trasplante de hígado, decidió desafiar sus límites en la pista de atletismo. Desde entonces, ha participado en más de 600 carreras, convirtiéndose en un símbolo de resiliencia y superación.
Su primera experiencia competitiva tuvo lugar en los Juegos Latinoamericanos para Trasplantados de 1998, donde logró una medalla de bronce. Este evento no solo marcó el inicio de su carrera atlética, sino que también se convirtió en un homenaje a su esposa, quien lo apoyó incondicionalmente durante su proceso de recuperación. A pesar de su pérdida hace cuatro años, Alberto ha mantenido su compromiso con el deporte, considerándolo una celebración de la vida.
Antes de convertirse en atleta, Alberto vivió una vida alejada del deporte. A pesar de haber trabajado en una gomería y más tarde en una fiambrería, su salud se deterioró hasta que fue diagnosticado con cirrosis criptogénica. Tras un largo proceso de espera, recibió su primer trasplante en 1996, el cual le permitió comenzar una nueva etapa marcada por el atletismo.
La determinación de Alberto lo llevó a participar en competiciones internacionales, donde ha representado a Argentina en lugares como Australia, Suecia y Sudáfrica. Su amor por el atletismo va más allá de las medallas; se ha convertido en un vínculo con personas de todo el mundo que comparten historias similares de lucha y esperanza.
En 2015, después de casi dos décadas de su primer trasplante, enfrentó la necesidad de un segundo órgano. A pesar de las dificultades y la incertidumbre, su espíritu indomable lo llevó a recuperarse y regresar a la pista en un tiempo récord. Alberto sostiene que el deporte es sinónimo de salud y bienestar, y su compromiso con la donación de órganos es parte fundamental de su mensaje de vida.
Hoy, Alberto continúa corriendo, sin importar las condiciones climáticas, con la intención de inspirar a otros y concientizar sobre la importancia de la donación de órganos. «Hasta que las velas se apaguen», afirma, refiriéndose a su deseo de seguir compitiendo y promoviendo un mensaje de esperanza y vida.
Fuente: La Nación




































