Reinventar la Identidad: Una Nueva Perspectiva sobre Quiénes Somos

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La experta en Terapia Transformacional Rápida (RTT), Paula Echeverría, reflexiona sobre la naturaleza de la identidad y su construcción a lo largo de la vida. En un contexto donde la frase “Soy lo que soy” de Sandra Mihanovich resuena con fuerza, Echeverría invita a considerar cómo las etiquetas que adoptamos pueden limitar nuestra percepción de nosotros mismos.

Desde la infancia, las experiencias y las opiniones ajenas contribuyen a la narrativa personal que construimos. Esta historia puede ayudarnos a comprender el mundo, pero también puede convertirse en una jaula cuando dejamos de verla como algo flexible y la consideramos una definición fija. Así, las etiquetas como “soy asmático” o “soy ansioso” transforman condiciones temporales en partes permanentes de nuestra identidad.

Echeverría señala que el cerebro busca continuidad, lo que nos lleva a seleccionar recuerdos y características que se alineen con nuestra narrativa. Sin embargo, esta rigidez puede obstaculizar nuestro crecimiento personal. Por ejemplo, quien se identifica como “sedentario” podría evitar oportunidades de actividad física, mientras que alguien que se define por su condición asma podría limitarse en su participación en deportes.

El lenguaje juega un papel crucial en este proceso. Echeverría argumenta que es fundamental reemplazar descripciones fijas por formulaciones más fluidas. En lugar de afirmar que “soy gordo”, sería más preciso decir “tengo sobrepeso”, lo que permite la posibilidad de cambio. Esta transformación en la percepción permite que las personas se liberen de las limitaciones que las etiquetas pueden imponer.

La especialista también destaca que esto aplica a las profesiones y habilidades. Decir “soy periodista” o “soy emprendedor” puede ser útil, pero las identidades laborales son igualmente susceptibles de cambio. La flexibilidad en cómo nos definimos es esencial para el crecimiento personal.

Finalmente, Echeverría sugiere que replantear la manera en que nos describimos puede abrir espacios para la transformación. En lugar de preguntar “¿cómo soy?”, es más productivo preguntar “¿qué me está pasando?”, “¿qué aprendo?” o “¿qué deseo modificar?”. Este enfoque permite aceptar que siempre hay partes de nosotros que aún no hemos descubierto, alentando un viaje de autoconocimiento continuo.

Fuente: La Nación

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