Mora Calabrese, esposa del reconocido músico argentino Abel Pintos, ha dado un giro inesperado en su vida profesional al abrir su propia joyería, Cala, en el exclusivo barrio de Recoleta. A los 38 años, Mora se ha convertido en una figura destacada en el mundo de la orfebrería, marcando su propia identidad más allá de la fama de su marido.
A pesar de la popularidad de Pintos, Mora siempre ha optado por un perfil bajo. Reconoce que la exposición no es su fuerte, pero su pasión por crear y compartir su arte ha sido más fuerte que su timidez. «No me gusta exponerme. Lo sufro, pero lo hago igual», confiesa, reflejando así su lucha interna entre la privacidad y el deseo de mostrar su trabajo.
El Proyecto Cala: Un Sueño Hecho Realidad
Durante la pandemia, Mora descubrió su amor por la orfebrería, creando piezas para su círculo cercano. Con el apoyo de su esposo, decidió dar un paso audaz y abrir su propio local. «Mi marido fue clave en todo esto. Me apoyó y me animó a mostrarlo», explica. Este emprendimiento no solo representa su pasión por el diseño, sino también la continuación de una tradición familiar, heredada de su madre y su abuela.
Una Experiencia Única para los Clientes
Cala no es solo una joyería; es un espacio donde la experiencia del cliente se prioriza. Mora enfatiza la importancia de que los clientes puedan tocar y sentir las piezas, en lugar de solo verlas en una pantalla. «A veces no es lo mismo ver en una página web una pulsera que tocarla, sentir su peso y apreciar los detalles», indica, destacando su compromiso con la calidad y el diseño personal.
Conexiones Familiares y el Influjo del Arte
Mora también comparte cómo su vida familiar influye en su trabajo. Sus hijos, aunque pequeños, ya están mostrando interés en el mundo del arte y la creatividad. «Guillermina es una inspiración, y Agustín le encanta cantar», comenta, reflejando un hogar donde el arte y la moda son parte integral de su cotidianidad.
Un Nuevo Capítulo en Redes Sociales
Con la apertura de Cala, Mora ha comenzado a utilizar redes sociales para conectarse con su público. A pesar de su naturaleza reservada, ha aprendido a aceptar la respuesta positiva y cariñosa de sus seguidores. «La gente es muy cariñosa y generosa conmigo. Desde el primer momento fueron superrespetuosos», señala.
En resumen, Mora Calabrese está en un camino de transformación, fusionando su vida personal y profesional en un emprendimiento que celebra su pasión y herencia familiar. Con Cala, ha encontrado una forma de expresarse y compartir su arte con el mundo, todo mientras mantiene su esencia y conexión con sus raíces.
Fuente: La Nación








































