Uriel Manzo, un joven de 18 años, ha dado un paso significativo en la creación de espacios de participación para los jóvenes en Argentina. Desde su infancia en un entorno tranquilo, el interés por la conversación y la política se ha convertido en el motor de su vida.
Desde pequeño, Uriel se destacó por su habilidad para dialogar, especialmente con sus abuelos, quienes le compartieron historias que marcaron su visión del mundo. «Escuchar historias de una Ostende que era solo médanos, de cómo había que recuperar del mar la casa donde veraneaba el presidente Frondizi, o anécdotas increíbles, como cuando conoció a Saint-Exupéry», recuerda con nostalgia.
La influencia de su abuelo, Sergio, quien llegó a Argentina durante la dictadura de Pinochet, fue crucial para su formación. Juntos, discutían sobre política mientras caminaban por la playa, y Uriel aprendió que el respeto en las conversaciones, incluso sobre temas delicados, es esencial.
Un compromiso con la participación estudiantil
La trayectoria de Uriel en el ámbito estudiantil comenzó en la secundaria, donde se integró al centro de estudiantes. Impulsó proyectos relacionados con la salud mental y la comprensión lectora, lo que le permitió adquirir habilidades para abogar por los intereses de sus compañeros.
Su experiencia en un colegio técnico también dejó una huella significativa en su vida. Aunque inicialmente no le entusiasmaba, Uriel reconoce que esta formación le brindó métodos, responsabilidad y carácter, aspectos que considera fundamentales para su futuro en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.
La creación de un espacio para los jóvenes
Al final de su secundaria, Uriel encontró una oportunidad para participar en modelos ONU y se unió a agrupaciones juveniles y think tanks, donde obtuvo experiencia en el análisis de políticas públicas. Sin embargo, la necesidad de crear su propia iniciativa lo llevó a fundar el Instituto Argentino de Análisis Estratégico y Prospectiva Global (IAEPG).
Este instituto tiene como objetivo generar un espacio de participación para jóvenes interesados en debatir y reflexionar sobre los grandes temas del país y el mundo. Uriel destaca que, aunque existen muchas ganas de involucrarse entre los jóvenes, hay escasos lugares accesibles, especialmente desde el interior del país.
«Es el proyecto por el que puedo madrugar, sacrificar planes, ocupar fines de semana enteros en reuniones y, aun así, sentirme feliz. Dormirme con la sensación de estar construyendo algo que vale la pena para otros jóvenes», concluye.
Fuente: La Nación





































