El 20 de agosto se marca un hito en la historia reciente de Argentina, ya que se cumple un año desde la detención del clan García Furfaro, vinculado a la causa del fentanilo adulterado. Este caso ha sido calificado como una de las peores crisis sanitarias del país, con un saldo de casi 100 muertes.
El juez federal Ernesto Kreplak fue quien ordenó la captura de Ariel García Furfaro, junto a sus hermanos y miembros de sus empresas, tras un exhaustivo proceso de recolección de pruebas. La investigación reveló que los lotes de fentanilo, distribuidos en hospitales de todo el país, estaban contaminados con bacterias multirresistentes como Klebsiella pneumoniae y Ralstonia pickettii.
Las irregularidades fueron confirmadas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Sanitaria (ANMAT) y el Instituto Nacional de Medicamentos (INAME), que encontraron fallas críticas en las inspecciones a los laboratorios HLB Pharma y Ramallo S.A. A pesar de estas fallas, los laboratorios continuaron operando sin ningún tipo de sanción.
El quiebre en la situación se produjo el 18 de diciembre de 2024, cuando se fabricaron los lotes contaminados que serían distribuidos en enero de 2025. La situación llegó a un punto crítico cuando el Hospital Italiano de La Plata denunció en mayo del año pasado la presunta contaminación de ampollas de fentanilo, lo que llevó a la apertura de una investigación judicial.
El Estado, junto con el empresario Ariel García Furfaro y su clan, enfrenta un escrutinio público intenso por el escándalo. Hasta la fecha, se investiga la responsabilidad en al menos 90 muertes y se documentan 41 sobrevivientes de la crisis. El empresario actualmente cumple su condena en un pabellón VIP de la cárcel de Marcos Paz, mientras continúa supervisando sus negocios desde la prisión.
A pesar de las circunstancias, ha mantenido contacto regular con su hermano Damián y su contador Diego Castrillón, lo que le permite seguir monitoreando sus empresas, incluyendo la fábrica de cables Epuyén SRL y un proyecto de construcción de una planta de productos biológicos en Paraguay.
Fuente: NA








































