El desalojo del edificio ubicado en Manuela Pedraza 1875 marca un cambio significativo en el barrio de Núñez, donde durante más de 30 años este inmueble había sido parte del paisaje cotidiano. Inicialmente concebido como un ambicioso proyecto arquitectónico con dos torres de ocho pisos y 32 departamentos, el edificio nunca llegó a completarse y fue objeto de abandono, convirtiéndose en un símbolo del deterioro urbano.
A lo largo de los años, el lugar experimentó diversas ocupaciones, albergando a más de 100 personas en diferentes períodos. La falta de servicios básicos, como gas y electricidad, acentuó la precariedad de la situación. La reciente orden judicial para desocupar el inmueble fue el resultado de un proceso prolongado que evidenció la complejidad de la convivencia entre los ocupantes y los vecinos del barrio.
Los residentes del área han descrito a los ocupantes como mayoritariamente inmigrantes, quienes, a pesar de las dificultades, se integraron en la comunidad. Una pareja de jubilados recordó que entre los inquilinos hubo uruguayos, paraguayos, peruanos y bolivianos, cada grupo aportando su estilo de vida y trabajo al barrio. Según los vecinos, la época más ordenada fue cuando los paraguayos ocupaban el edificio, ya que se dedicaban a la construcción y mantenían sus departamentos en mejor estado.
A pesar de las impresiones de bullicio y desorden que algunos vecinos relacionaron con los ocupantes, no se reportaron incidentes de inseguridad significativos en la zona. Sin embargo, el deterioro del edificio y la falta de mantenimiento llevaron a incidentes como la caída de parte de un balcón, lo que generó preocupación entre los residentes.
Los testimonios revelan que el alquiler no era gratuito, ya que existían arreglos informales para cobrar a los inquilinos. Algunos residentes mencionaron que el inmueble había sido objeto de un negocio de rentas clandestinas, aunque no todos los vecinos corroboran esta información. La falta de gas y electricidad en los últimos meses también acentuó la situación de riesgo y la necesidad de un desalojo definitivo.
El reciente operativo de desalojo, realizado por la Policía de la Ciudad junto a organismos porteños, resultó en la evacuación del edificio y su posterior tapiado para evitar nuevas ocupaciones. Este inmueble es parte de un triángulo de propiedades abandonadas en la manzana, que incluye un antiguo colegio y una casa desocupada, reflejando un problema más amplio de abandono urbano en la zona.
Con el cierre de este capítulo, el edificio de Manuela Pedraza 1875, que una vez prometió ser un ícono arquitectónico, se encuentra ahora vacío. La transformación del lugar a partir de este desalojo representa no solo un cambio físico, sino también el final de una era que dejó una huella en la comunidad de Núñez.
Fuente: La Nación





































