De la Ciudad al Campo: La Transformadora Historia de Karina y Ricardo

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Dejar la vida urbana para sumergirse en la tranquilidad del campo es un sueño que muchos anhelan, pero pocos logran concretar. Karina y Ricardo, una pareja ecuatoriana, dieron un paso decisivo al mudarse a una finca en la zona de Pacto, en el noroccidente de Pichincha. «Podemos vivir tranquilamente unos seis meses sin volver a la ciudad«, afirma Karina, quien comparte su experiencia junto a su familia.

Su historia ha sido documentada por Josué y Elie, creadores del canal de YouTube «Ecuador y sus paisajes oficial», que se dedica a explorar el interior del país y a presentar relatos de vida distintos y enriquecedores. «Salieron huyendo de la ciudad para buscar la tranquilidad del campo y viven entre huertos frutales. Lo más bonito es que ellos cosechan, de la mata a la olla», comentaron los youtubers al contar la historia de la pareja.

Karina, quien anteriormente trabajaba en el centro de la ciudad tras haber estudiado Administración de Empresas, decidió cambiar de rumbo después de convertirse en madre. «Las exigencias cotidianas estaban interfiriendo con la vida familiar«, explica, resaltando su necesidad de pasar más tiempo con sus hijos y adoptar un estilo de vida más relajado.

La decisión de mudarse al campo no fue bien recibida por todos. «Cuando me vine al campo, muchos pensaron que estaba loca«, recuerda Karina. Sin embargo, la familia se adaptó rápidamente, encontrando en su nueva vida todo lo que necesitaban. «Tenemos nuestra propia comida, sembramos y comemos muy sano y rico«, añade.

En el video, Josué y Elie muestran cómo es el día a día en la finca. Ricardo, por su parte, se encarga de recoger los huevos de las gallinas cada mañana y expresa su satisfacción con la vida campestre: «La tranquilidad se convirtió en una de las principales razones por las que disfruto de mi nueva vida«.

Aunque la vida en el campo presenta desafíos, la familia se esfuerza por cumplir con sus responsabilidades. Mientras Ricardo atiende a las gallinas, una de sus hijas busca frutas en el terreno, equipada con un machete y un cesto. Entre sus cultivos, destacan los bananos, que les permiten disfrutar de fruta fresca en su día a día.

Karina también comparte la experiencia de cultivar el arazá, una fruta cítrica poco conocida que tiene un aroma exquisito. «Se puede hacer un jugo con leche que se come como un yogur«, explica, añadiendo que han adaptado algunas variedades de frutas a su nuevo clima.

Fuente: La Nación

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