Qué dicen los obstetras argentinos: menos nacimientos, más complicaciones en el embarazo y una reducción de las maternidades

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El cierre de la maternidad del sanatorio Finochietto, hace un mes, sobrevoló todo el encuentro. Unos 5000 médicos se encuentran reunidos desde ayer por la mañana en el Hotel Marriott, en el centro porteño, como parte del 43º Congreso Internacional de Obstetricia y Ginecología. Los encuentros seguirán hasta el viernes, pero este año, como nunca, el programa científico de la convocatoria está atravesado por una realidad que está reconfigurando el trabajo de estos especialistas: la baja de la natalidad.

El fenómeno no solo está provocando el cierre de servicios en clínicas y sanatorios, sino que también lleva a los especialistas a repensar la organización de las maternidades del sector público. Hay varios hospitales porteños donde actualmente nacen entre 400 y 500 bebés al año. Ocurre que históricamente el consenso médico dijo que un servicio de obstetricia debería tener un volumen mínimo de 1000 nacimientos al año para considerarse viable y sustentable, tanto desde el punto de vista del personal que demanda como de la experiencia que debe aportar a los médicos residentes que se están formando en esa especialidad.

Así lo explica a LA NACION el doctor Leonardo Mezzabotta, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (Sogiba), director de la maternidad del Sanatorio Los Arcos y exjefe de obstetricia del Hospital Argerich. Hay nuevos abordajes, en cambio, que hablan de un volumen mínimo de 500 nacimientos, ya que la complejidad de los embarazos en épocas de retraso de la maternidad complementa la baja de nacimientos. E incluso algunos médicos están hablando del “cuarto trimestre”, dado que se volvieron más frecuentes las complicaciones después del nacimiento y se requiere mayor internación neonatal.

Tres de las charlas y debates del programa científico de ayer y dos de hoy hacen mención directa a la baja de la natalidad y a los nuevos desafíos que se plantean tanto para los obstetras como para el sistema de salud en general. Por estos días, el cierre de la maternidad del Sanatorio Finochietto ―una de las más nuevas y modernas, que hace dos años capitalizaba los nacimientos de parejas de origen ruso y ahora tomó la decisión de destinar esos pisos a otras áreas de la atención― se suma a una lista de clínicas que tomaron la misma medida: hace dos años fue el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento (IADT), antes, la Trinidad Mitre y el Sanatorio Santa Isabel.

Hay además muchos centros médicos que redujeron los pisos destinados a nuevos nacimientos, como la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, que aunque sigue siendo la mayor maternidad privada del país, pasó de atender unos 7500 nacimientos al año en 2010 a unos 3500 en la actualidad. Recientemente redujo de cuatro a dos los pisos destinados a su maternidad.

Las últimas estadísticas indican que en apenas 10 años la caída de la natalidad en el país es del 47%. Y estos números se trasladaron a las preocupaciones de los obstetras. Ocurre que la disminución está provocando un debate interno sobre los servicios de obstetricia en el sector público. Varios hospitales porteños fueron perdiendo camas o evalúan achicar los sectores destinados a los nacimientos para reconvertirlos en espacios de atención para otras especialidades que tienen mayor demanda, como aquellas destinadas a la atención de adultos mayores, según informaron distintos médicos vinculados al sector.

Consultados sobre estos cambios, desde el área de Salud del gobierno porteño, a cargo de Fernán Quirós, se informó que por el momento no está planificado ningún cierre ni unificación.

“La baja de la natalidad es un tema central en nuestro congreso, refleja una tendencia mundial y nacional que impacta en todos los sectores sociales y sistemas de salud ―apunta Mezzabotta―. Este descenso no es negativo en sí mismo, sino que llega de la mano de un mayor acceso a la anticoncepción, la interrupción voluntaria del embarazo y la anticoncepción post evento obstétrico. También debemos entenderlo como un cambio cultural. Con el empoderamiento femenino, la maternidad deja de ser un mandato para ser una elección».

Afirma, que sin embargo, esto genera desafíos para las maternidades, tanto públicas como privadas: “Nos encontramos con un escenario en el que el número de nacimientos está por debajo del valor mínimo para hacer que ese servicio sea sostenible y sirva para la formación de profesionales, por lo que es clave ser estratégicos en esta situación, adaptar recursos y funciones, para preservar los recursos humanos y la reubicación en las nuevas realidades, considerando que la obstetricia abarca mucho más que la atención de nacimientos”.

Y suma: “Uno entiende esta lógica que se está planteando, tanto en el sector público como en el mundo privado. Las decisiones pueden tomarse de un punto de vista político o empresarial, son entendibles y atendibles. Nosotros, como sociedad (se refiere a Sogiba) estamos muy atentos a que estos cambios tengan en cuenta el recurso humano, ya sea mediante la unión de servicios, de maternidades, donde exista la posibilidad de sostener y mantener la condición laboral”.

En Mendoza, el Ministerio de Salud decidió cerrar la maternidad del Hospital Carlos Saporiti, donde nacían menos de 100 niños al año, dado que a 10 km existe un hospital de mayor complejidad. Hasta el momento, no se tomaron decisiones de este tipo en centros de gestión pública de otras jurisdicciones. Sin embargo, los números de las maternidades de los centros que arrojan nacimientos muy bajos están siendo observados de cerca por las autoridades de Salud, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en otros distritos.

Son varios los especialistas que coincidieron en que la atención, en los próximos años, debería encaminarse a la regionalización, centralizando las maternidades en aquellas que concentren más volumen. Esto es, en lugar de que haya una maternidad en cada hospital, centralizar en determinados centros que reciben el mayor caudal, también como forma de garantizar una mejor calidad y experiencia en la atención, algo que podría ser muy relevante ante la presencia de complicaciones neonatales, las cuales demandan una gran inversión, tanto en personal capacitado como en tecnología.

Nacimientos simulados.

Para formar a los nuevos obstetras, desde Sogiba se diseñó un modelo de simulación de parto, explica Mezzabotta, porque los nacimientos no son tan frecuentes y no aportan el volumen mínimo necesario para entrenar a los nuevos especialistas, detalla. De hecho, parte de la preocupación apunta a que en las nuevas camadas de médicos, son pocos los que eligen las especialidades como neonatología (después de haber estudiado pediatría). También son cada vez menos los tocoginecólogos que se forman como obstetras.

“De cada ocho ginecólogos solo uno elige obstetricia”, dice Mezzabotta. “No tiene que ver con la baja de la natalidad, más bien con razones generacionales que son similares a las que impulsan la baja de la natalidad. Se prefieren otras especialidades, muchas que tienen que ver con lo diagnóstico”, explica. La carga horaria, los horarios rotativos, los llamados a cualquier hora son parte de las razones que para la nueva generación de médicos juegan en contra.

“La Argentina y el mundo muestran una caída sostenida en la natalidad y un aumento de la vejez. Nosotros, como integrantes del sistema de salud, tanto público como privado, estamos tratando de ver cómo encajamos en este cambio tan importante. Yo me acuerdo: cuando estudiaba medicina, la preocupación de la política y de los médicos era la superpoblación. No sabíamos qué íbamos a comer en el futuro, porque no alcanzaba para tantos. Hoy el panorama es otro. Si comparamos el año 2014 con el 2024, la natalidad disminuyó un 47%, y el índice de fecundidad, la cantidad de hijos que tenía cada mujer, de 2,3 a 1,23”, apuntó la doctora María Alejandra Frailuna, jefa de la división Obstetricia de la Maternidad Sardá, que coordinó una mesa debate entre especialistas sobre la baja de la natalidad. Y lanzó la pregunta: ¿Nos tiene que preocupar?

“Este contexto representa una oportunidad: las mujeres pueden elegir con más certeza, la cantidad de hijos que quieren tener, cómo los quieren tener y en qué momento. Es una oportunidad para tener mejor atención perinatal. La postergación de la maternidad unos 10 años genera muchos desafíos en la atención también. Estos son cambios sociales que no van a volver atrás. Tenemos que aprovechar esta situación para mejorar la calidad de atención”, dijo la doctora Sandra Susacasa, jefa del departamento de Tocoginecología de la Sardá.

“Si hoy nosotros naciéramos en la Argentina, no tendríamos reemplazo generacional. No tendríamos gente que nos cuide dentro de pocos años. El problema me parece que es estructural y estamos en una transición. Nosotros preparamos todos los servicios para recibir volumen. Y hoy el volumen no está, pero no quiere decir que no haya volumen, hay un cambio en el tipo de pacientes que atendemos. Estamos atendiendo otra realidad”, dice Hernán Jensen, jefe de Obstetricia del Sanatorio Otamendi, donde hoy nacen unos 3010 bebés al año.

Complicaciones en partos y embarazo

“Hoy el obstetra tiene que tener más expertise, porque de la mano de la postergación de la maternidad y del estilo de vida tenemos muchas más complicaciones en los embarazos, que son más complejos, tenemos muchas más hemorragias de parto, tenemos mucha más hipertensión, tenemos más diabetes ―suma Jensen—. La accesibilidad a tratamientos de fertilidad por edad no es tan simple y sencilla. Sí, cambió el número, pero atender 300 partos como atendíamos antes, costaba menos que 100 ahora”, apuntó

La doctora Maritza Marquez, jefa del Servicio de Neonatología del Hospital Italiano, sostuvo: “Cambió la complejidad de los pacientes. Creo que la baja en el volumen de pacientes representa una oportunidad para avanzar hacia la famosa regionalización de la atención. Porque al bajar tanto el número, no se llega a desarrollar el expertice, y ocurre que hay pacientes que terminan siendo atendidos en centros que no tienen la complejidad que requieren. Necesitaríamos menos centros, menos maternidades, y lugares más grandes que concentren el volumen y la atención especializada y compleja cuando se requiera”, apuntó la

Planificación familiar

“Yo pensaba cuál es nuestra función, me pregunto si nosotros, desde nuestros consultorios no tendríamos que ser más claros a la hora de explicarles a los pacientes, cuando hablamos de planificación familiar, sobre lo que significa la postergación de la maternidad o paternidad en la tasa de éxito. Preguntar si existe el deseo o no de tener hijos en un futuro. Y explicarles, que las chances y las complicaciones. No sé si la población es tan consciente de esto. Es información que tal vez deberíamos compartir”, apuntó la doctora Mariel Camiletti, jefa de Obstetricia del Hospital Vélez Sarsfield.

Y sumó: “Porque una cosa es no tener deseos de tener hijos. Y otra cosa es tener deseos e ir postergándolo o no encontrar el momento, pensando que es lo mismo. Pero hay una realidad: después se pueden necesitar tratamientos de fertilidad, el acceso no es tan sencillo, las complicaciones son otras. Quizá eso es algo que nosotros podemos hacer, informar a la población desde la adolescencia, para tomar decisiones con información real”.


Fuente: La Nación

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