El legado de un bodegón porteño: Del bullicio de 1950 a la actualidad del asado y la milanesa

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En un emblemático bodegón de la ciudad, la tradición se mantiene viva a través de sus platos abundantes y su ambiente acogedor. A las cuatro de la tarde, un grupo de comensales se sienta para disfrutar de una milanesa a la fugazzeta y un Gran Asado Cambalache, un plato que promete satisfacer a los más exigentes con un kilo doscientos de tira de asado, papas fritas y ensalada mixta.

El mozo Hernando Ochoa, con más de tres décadas de experiencia en el lugar, recuerda con nostalgia los tiempos en que el restaurante servía hasta 1000 cubiertos diarios. “Antes, si una mesa pedía postre, los que esperaban se acercaban a charlar. Era un ambiente familiar”, explica Ochoa, quien ha visto cambiar las costumbres a lo largo de los años.

Fundado en 1950 por Manuel Cardin, este bodegón se ha convertido en un punto de encuentro para artistas y amantes de la buena comida. Ochoa menciona a varias celebridades que han pasado por sus mesas, desde actores hasta boxeadores, destacando la conexión del lugar con el circuito teatral de la avenida Corrientes.

Un menú que evoluciona con el tiempo

A lo largo de los años, el menú ha cambiado, pero la esencia del bodegón se mantiene. Ochoa señala que la entraña fue retirada de la carta debido a problemas de calidad, pero platos como el ojo de bife y las milanesas continúan siendo los favoritos de los comensales. “Las milanesas son un éxito, tenemos 11 variedades y la gente se emociona al verlas”, comenta.

Con el auge de los bodegones en la actualidad, el público ha cambiado. Nuevas generaciones han comenzado a frecuentar el lugar, atraídas por la fama de sus milanesas y la cercanía a la avenida Corrientes. Sin embargo, los habitués de antaño siguen siendo parte de la comunidad del bodegón, aunque su frecuencia ha disminuido.

Los cambios en la dinámica del servicio

El 2001 marcó un punto de inflexión. Los hábitos de los comensales cambiaron, y platos como la paella fueron reemplazados por opciones más tradicionales de bodegón. A pesar de los desafíos, Ochoa continúa brindando un servicio atento, buscando sorprender a los clientes con recomendaciones que mejoren su experiencia gastronómica. «Siempre hay que anticiparse a los deseos del cliente para que se lleve un buen recuerdo y quiera volver», concluye.

Fuente: La Nación

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