Paloma Herrera: De estrella del ballet a mentora de nuevas generaciones

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Paloma Herrera, reconocida figura del ballet internacional, ha compartido su trayectoria y reflexiones sobre la danza tras su retiro de los escenarios hace una década. A los 15 años, Herrera dejó Argentina para establecerse en Nueva York y cumplir su sueño en el mundo del ballet, una carrera que la llevó a convertirse en un referente en esta disciplina.

En una reciente conversación, Herrera, quien acaba de cumplir 50 años, expresó que no siente nostalgia por su pasado en el escenario. «Ya lo hice y di todo. No me quedó nada para dar», afirmó, al tiempo que destacó la importancia de disfrutar otras facetas de la vida.

Un enfoque renovado en la enseñanza

Herrera ha encontrado una nueva pasión en la enseñanza, donde se esfuerza por transmitir el rigor que marcó su carrera, pero con un enfoque más compasivo. «Se pueden decir las mismas cosas, pero bien, con amor», comentó, al referirse a su experiencia como mentora de jóvenes talentos.

La artista también reflexionó sobre la disciplina en la danza. «Trato de que haya disciplina, que no sea cualquier cosa, pero que la persona pueda disfrutar». Para ella, el equilibrio entre exigencia y disfrute es clave en la formación de nuevos bailarines.

Una vida en equilibrio

Después de su retiro, Herrera ha podido explorar nuevos intereses, incluyendo su incursión en el mundo de los perfumes. «Me llamaron de Sutton y me dijeron que querían tener un perfume con mi marca», compartió, destacando su involucramiento en todo el proceso creativo.

Además, ha encontrado tiempo para dedicarse a su vida personal, disfrutando de una relación estable y eligiendo vivir en Buenos Aires, aunque sigue viajando por su carrera. «Estoy con un pie acá y otro allá», indicó, mostrando su amor por su país y sus raíces.

Reflexiones sobre su carrera y el futuro

Al mirar hacia atrás, Herrera reconoce que no cambiaría nada de su trayectoria. «La vida no es perfecta, pero uno tiene que saber disfrutar el momento», afirmó. Sin embargo, también ha enfrentado desafíos personales, como la enfermedad de su madre, que ha dejado una profunda huella en su vida.

Sobre su experiencia dirigiendo el Ballet Estable del Teatro Colón, Herrera fue clara: «No volvería a dirigir una compañía». A pesar de los logros alcanzados, la presión y las dificultades administrativas la llevaron a decidir enfocarse en su verdadera pasión: la danza.

Con un futuro prometedor por delante, Herrera está emocionada por seguir contribuyendo al mundo de la danza y explorar nuevas oportunidades creativas.

Fuente: La Nación

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