En el contexto de la pérdida de una mascota, la familia de Mariana Pérez encontró consuelo y compañía en Mili, una perra que llegó a sus vidas para sanar un duelo. Mili no solo fue un apoyo para los niños, sino que se convirtió en parte integral del hogar, creciendo y jugando junto a ellos.
Sin embargo, a principios de 2025, Mili comenzó a presentar serios problemas de salud. «La situación se tornó crítica cuando se diagnosticó un cáncer de piel muy agresivo». A pesar de los esfuerzos por mejorar su condición, la familia decidió optar por cuidados paliativos, buscando asegurar que Mili tuviera una transición lo más cómoda posible.
La experiencia de la familia con la enfermedad no era nueva. Mariana había estado expuesta a situaciones similares en su vida personal y profesional, lo que le permitió abordar el diagnóstico de Mili con una mezcla de tristeza y naturalidad. «Siempre he creído que la muerte es un proceso natural y no un tabú», afirma Mariana.
A medida que la condición de Mili empeoraba, la familia se unió para ofrecerle el mejor final posible. La comunicación abierta y el entendimiento mutuo ayudaron a los niños a aceptar la realidad de la situación. “No fue un proceso fácil, pero nos permitió despedirnos de ella con amor y respeto”, comparte Mariana.
En sus últimos días, Mili mostró signos evidentes de su deterioro, lo que llevó a la familia a reorganizar su espacio para brindarle comodidad. Mariana dedicó tiempo a estar con Mili, compartiendo momentos que se convirtieron en lecciones de amor y despedida.
La última noche de Mili fue tranquila, rodeada de su familia. La llegada de la veterinaria marcó el final de su sufrimiento, permitiendo que el proceso de eutanasia se realizara en un ambiente de calma y cariño. La entrega de sus cenizas, que coincidió con el cumpleaños del padre de Mariana, dejó una profunda huella en la familia.
Este proceso no solo generó un espacio para el duelo, sino que inspiró la creación de «Huellas del Alma», una iniciativa que busca apoyar a quienes enfrentan la pérdida de sus mascotas. Hoy, Santiago, el hijo de Mariana, se encarga de la comunicación del proyecto, continuando el legado de Mili.
Mariana reflexiona sobre esta experiencia: «La muerte de Mili nos enseñó que los vínculos trascienden roles y que el amor siempre perdura».
Fuente: La Nación
