Con la reciente llegada de una locomotora a Jaramillo, un pequeño pueblo argentino, se revive la memoria histórica de un medio de transporte que marcó la vida de sus habitantes. Justo Héctor González, un residente de 77 años, fue uno de los testigos de este acontecimiento, recordando con nostalgia el último paso del tren por la localidad en 1978.
Jaramillo, con menos de 500 habitantes, ha sido seleccionado como el epicentro para un ambicioso proyecto de reactivación del ramal ferroviario que conecta Puerto Deseado con Las Heras. Este plan, impulsado por el gobierno provincial, busca restaurar más de 280 kilómetros de vías que han estado inactivas por casi medio siglo, con el objetivo de estimular tanto el turismo como la producción en la región.
«Yo vi pasar el último tren, estaba en la estación. El jefe de la estación Héctor Grant fue quien tocó la última campana», rememora González, quien creció frente a las vías de tren, donde sus padres dirigían el Hotel Argentino. Esta estación era el corazón del pueblo, un lugar que simbolizaba el movimiento y la actividad de la comunidad.
Durante décadas, el ferrocarril fue fundamental para la economía de la zona, especialmente en la industria lanera. González recuerda cómo los arreos de ovejas, que podían alcanzar hasta 1500 animales, eran transportados en tren hacia Puerto Deseado, donde se encontraban con el frigorífico de la Corporación Argentina de Productores, que operaba estacionalmente.
Además de la lana, el tren también desempeñó un papel crucial en el transporte de insumos para la actividad petrolera en la región, facilitando el traslado de caños desde Puerto Deseado a diferentes localidades. Esta actividad no solo era vital para la economía, sino que también integraba a las comunidades, brindando acceso a servicios básicos como correo, salud y educación.
A medida que los años pasaron, la actividad económica del pueblo fue disminuyendo, especialmente tras la erupción del volcán Hudson en 1991, que afectó a las estancias. Sin embargo, la reactivación de la costa del río Deseado ha comenzado a revitalizar la región.
El nuevo proyecto incluye la creación de un Museo de Sitio «Facón Grande» en la exestación de trenes, que preservará la historia de las huelgas rurales de 1921 y otros eventos significativos. González, quien trabajó en la usina de Servicios Públicos y ha estado íntimamente ligado a la historia del tren, expresó su esperanza ante el regreso del ferrocarril. «Va a costar mucho trabajo, fueron muchos años de abandono, 50 años en los rieles. Pero acá ya hay un tramo hecho entre Jaramillo y Fitz Roy», concluyó.
Fuente: La Nación
