Un reciente análisis del Observatorio Vial de CECAITRA revela las consecuencias a menudo ignoradas que enfrentan los sobrevivientes de siniestros viales, así como el profundo impacto que esto genera en la salud y la economía de las familias.
La tragedia que sigue tras el siniestro
A menudo, el debate sobre la seguridad vial se centra en las víctimas fatales, dejando de lado las historias de quienes logran sobrevivir. Sin embargo, la realidad es que sobrevivir a un siniestro vial puede desencadenar un proceso doloroso y prolongado. Muchos sobrevivientes enfrentan semanas de internación, cirugías y meses de rehabilitación, con la posibilidad de vivir con discapacidades permanentes.
El costo emocional y económico
Las estadísticas son alarmantes: en Argentina, más de 100.000 personas resultan heridas en siniestros de tránsito cada año, de las cuales aproximadamente el 14% sufre lesiones graves. Las secuelas de estos incidentes pueden afectar la calidad de vida de los sobrevivientes y sus familias, quienes deben reorganizar sus rutinas y asumir gastos inesperados.
El sistema de salud y el impacto en el empleo
Después de un accidente, comienza una cadena de atención médica que incluye ambulancias, internaciones y tratamientos prolongados. Este proceso no solo conlleva altos gastos, sino que también puede resultar en la pérdida de empleo para la víctima o sus familiares, quienes a menudo deben asumir el rol de cuidadores.
Consecuencias para el sector asegurador
La Superintendencia de Seguros de la Nación informa que cada año se registran cientos de miles de casos relacionados con responsabilidad civil. Los costos derivados de lesiones en accidentes de tránsito superan ampliamente las reparaciones de los vehículos, afectando al sistema asegurador y, en última instancia, a la sociedad en su conjunto.
Una nueva perspectiva sobre la prevención
El análisis del Observatorio Vial de CECAITRA sugiere que la prevención de siniestros viales debería ir más allá de evitar muertes. Se trata también de prevenir largas internaciones, discapacidades y el colapso económico de las familias. Medir la siniestralidad solo por la cantidad de fallecidos resulta insuficiente para comprender el verdadero costo social y emocional que conllevan estos accidentes.
Es crucial que el debate público sobre la seguridad vial incluya la dimensión personal y colectiva de la supervivencia a un siniestro, reconociendo que la tragedia no concluye cuando las sirenas se apagan.
Fuente: NA
