El arte se manifiesta de diversas formas, y para Walter Kerhart, cada trazo y cada color se han convertido en una expresión de supervivencia. Tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) que le dejó secuelas significativas, su historia se transforma en un testimonio de resiliencia y reinvención.
El 29 de mayo de 2024, Walter experimentó un cambio radical en su vida. El ACV no solo le robó la capacidad de hablar, sino que también inmovilizó su mano derecha, obligándolo a redescubrir el arte a través de su mano izquierda. Después de siete meses de intensa rehabilitación, el artista de 56 años presentó el 21 de octubre su exposición titulada “¿Puede una línea recordar?”. Esta muestra no solo marca su regreso al mundo del arte, sino que simboliza la redefinición de su identidad a través de su nueva manera de crear.
La exposición se llevó a cabo en Café La Compañía, un conocido espacio cultural en San Carlos de Bariloche, donde Walter, oriundo de Santa Fe, ha vivido durante más de dos décadas. Antes de dedicarse por completo a la pintura, estudió con reconocidos artistas y trabajó en fotografía publicitaria. Su trayectoria lo llevó a formar parte de proyectos educativos en la región, demostrando su profundo compromiso con el arte.
La muestra “¿Puede una línea recordar?” refleja más que un simple regreso; es una profunda exploración de su proceso de aprendizaje y adaptación. Walter comparte que los primeros momentos tras su accidente estuvieron llenos de frustración, pero a medida que se fue adaptando, comenzó a fluir su intuición creativa. “Primero sentí frustración: querer levantar mi mano derecha y no poder hacer nada con ella”, explica. “Después comienza la intuición; lo que no podés hacer con esa mano, lo intentás con la otra”.
En su proceso de creación, descubrió nuevas técnicas y materiales que le permitieron expresarse de manera única. “Mi mano izquierda me permite expresarme en formas que jamás imaginé”, afirma. Walter ha pasado de realizar obras de gran escala a crear dibujos más pequeños, permitiéndole poco a poco recuperar la confianza en su destreza.
El artista reflexiona sobre la evolución de su trabajo: “Creo que los actuales son más honestos porque son más directas las imágenes. Hay cierto filtro que uno pierde, y eso se refleja en lo que pinto”. El título de su muestra invita a la reflexión sobre su proceso de sanación y su conexión con el presente.
Su pareja, Walter Duche, ha sido un pilar fundamental en su recuperación. Juntos han enfrentado el desafío de reinterpretar su relación y su vida diaria. “Es un proceso de acompañamiento que nadie fuera de nosotros dos lo puede entender completamente”, comenta Duche. A través de la atención en la Clínica Pasteur y el apoyo constante, Walter continúa su tratamiento en el centro CENEBA de Bariloche, combinando la rehabilitación médica con su práctica artística.
La historia de Walter Kerhart es un recordatorio de que el arte puede ser una herramienta poderosa para la recuperación y la expresión personal. Su trayectoria inspira a aquellos que enfrentan desafíos similares y demuestra que, a pesar de las adversidades, siempre hay un camino hacia la creación y la renovación.
Fuente: La Nación
