Rodolfo Arruabarrena y Juan Román Riquelme regresarán este martes al Morumbi, un estadio que guarda grandes recuerdos para ambos. Hace 26 años, formaron parte de la histórica conquista de la Copa Libertadores de 2000, y ahora vuelven como director técnico y presidente del club, respectivamente, en un momento crucial para Boca Juniors.
El próximo lunes se marcarán 1300 días desde que el equipo más laureado de Argentina levantó su último trofeo, la Supercopa Argentina ante Patronato. La espera se extiende aún más en el ámbito internacional, ya que han pasado casi dos décadas desde la Recopa Sudamericana de 2008, un tiempo que refleja la necesidad de recuperar el prestigio en competencias fuera del país.
El encuentro contra San Pablo, correspondiente a la vuelta de los octavos de final de la Copa Sudamericana, es decisivo. Boca llega con una ventaja de 1-0, pero el partido promete ser un gran desafío para Arruabarrena, quien busca llevar al club a una final que podría romper la racha más larga sin títulos internacionales desde 1977.
La ventaja obtenida en la ida se considera insuficiente, ya que el equipo lamentó no haber concretado más goles en un partido equilibrado. Sin embargo, Boca se presenta con la tranquilidad de que dos de los tres resultados posibles le permitirían avanzar: una victoria o un empate aseguraría su pase, mientras que una derrota por un gol abriría la posibilidad de penales, una instancia en la que Boca ha tenido éxito bajo la dirección de Arruabarrena.
Desde su llegada, Arruabarrena ha logrado reestructurar al equipo, mejorando el rendimiento de varios jugadores, incluidos Alan Velasco y Santiago Ascacibar. A pesar de perder a Tomás Aranda por lesión, el equipo ha mantenido una buena racha, con 13 partidos sin perder, y se prepara para el examen más exigente de su ciclo.
El Morumbi es un escenario emblemático para Boca, donde ha vivido momentos inolvidables, incluyendo su única victoria allí en 2003 ante Santos, y su consagración en varias competencias. Sin embargo, también ha sido testigo de varias eliminaciones, lo que añade presión al encuentro de este martes.
Arruabarrena y Riquelme, quienes dejaron huella en el club como jugadores, enfrentarán este partido desde roles distintos. Riquelme, como presidente, busca poner fin a la sequía de títulos, mientras que Arruabarrena tiene la responsabilidad de llevar al equipo a un nuevo nivel. Con el regreso de Milton Delgado, se espera que Boca presente su mejor once, con un desafío que podría marcar un antes y un después en su historia reciente.
Fuente: La Nación
