Reconoce que cuando llegó de su Paraguay natal para estudiar teatro le costó tener oportunidades como actor y pensó en volver y seguir trabajando como locutor en alguna radio. Sin embargo, la suerte cambió y en poco tiempo Arnaldo André protagonizó telenovelas tan exitosas que, cincuenta años después, siguen en la memoria de todos. ¿Quién no recuerda Piel naranja y el ‘rojaijú’ que le gritaba a Marilina Ross, o las cachetadas a Luisa Kuliok en Amo y señor, o al severo Laureano de Valientes? Desde que las ficciones empezaron a mermar, el actor se volcó de lleno al teatro. Ahora protagoniza Tango para tres junto a Marta González y Romina Fernandes, y de viernes a domingo están de gira por todo el país. En diálogo con LA NACION, el avezado actor repasó su historia y algunas de sus exitosas novelas. Además, reveló por qué tiene tanta energía y ganas de seguir trabajando a sus 82 años.
—¡No parás nunca!
—No, la verdad que no. La televisión fue cuna de ficciones, donde los actores teníamos un espacio y ganábamos, además de dinero, esa popularidad que nos servía luego para hacer teatro. Lamentablemente, hoy no hay ficción y entonces el teatro nos abre las puertas en todas partes. De hecho, en la cartelera de Buenos Aires hay infinidad de obras y cada teatro tiene más de un espectáculo. El teatro me da la posibilidad de trabajar y me encanta. También de hacer giras y recorrer el país. La otra vez, hablando con un amigo, le decía que yo conozco la República Argentina no como turista, sino como actor en las giras. He llegado a un montón de lugares y todavía me faltan un montón más. Para esos espectadores, cada espectáculo que va a su pueblo es una fiesta y es muy lindo vivirla.

—¿Entonces están viviendo una fiesta ahora, se podría decir…?
—Sí, estamos haciendo Tango para tres, con Marta González, Romina Fernándes, una obra escrita y dirigida por Hernán Krasutzky, con producción de Damián Sequeira. La gente lo disfruta mucho, aplaude, se divierte. Y ese es precisamente el objetivo. Mi hermana, que ya la vio, me decía que se emocionó mucho.
—Hiciste un par de obras de teatro con Marta González y también se cruzaron en televisión, ¿cómo es este reencuentro?
—Muy feliz de estar haciendo Tango para tres al lado de mi querida Marta González, que es una amiga y una gran compañera de ruta. Hemos hecho varias cosas juntos, giras y demás, y es un placer. Siempre queremos trabajar juntos. No dudamos en ningún momento y a veces nosotros mismos somos quienes nos proponemos y le decimos al productor: “Che, por qué no la llamás a…”.
—¿Y tenés energía para girar?
—Sí, energía es lo que sobra. Me encanta porque además conformamos un grupo hermoso y nos divertimos. La pasamos muy bien. Es cierto que llegás a una ciudad y tenés que meterte en un hotel, y al día siguiente o esa misma noche después de la función, vas a otro hotel de otra ciudad. Eso es cansador, pero la compensación es el placer de trabajar en teatro y estar frente a un público que te apoya, te aplaude y te agradece. Eso no tiene precio.
“Un hombre afortunado”
—Aunque ya no hay ficciones, ganaste popularidad hace varias décadas…
—Muchas veces la gente me comenta que le puso tal nombre a su hijo por un personaje que hice en tal novela. Otra mujer una vez me dijo que cuando estaba embarazada le pedía a Dios que tuviera mis ojos y así fue. O me gritan el famoso ‘rojaijú que significa ‘te quiero’ en guaraní, que yo le decía a Marilina en Piel naranja cuando la televisión todavía era en blanco y negro. Hacíamos 50, 60 puntos de rating y hoy un programa exitoso hace 14. El país se paralizaba para vernos. Hoy, en el teatro, estamos recibiendo una devolución muy grande y muy importante.
—¿Extrañás la tele?
—Para nada.
—¿Por qué no la extrañás?
—Seguramente la hubiera extrañado mucho si hubiera estado inactivo. Y primero pensaría en la tele porque he hecho mucho. Disfruto los períodos de ensayo, cuando tenés que aprenderte la letra. Había empezado a leer una novela en el verano y recién la retomé cuando estrenamos porque en la obra hay mucho texto y me concentro en eso. Ese proceso de ensayo y de conocer a tus compañeros es muy hermoso. A mí me da una energía… Te da vida. Es el combustible que los actores necesitamos. Y el teatro te la brinda y la tele… Creo que he hecho mucha tele y además no hay nada que me conmueva ni que me haga pensar: “Ah, qué pena, cómo quería estar en esta novela”. No hay nada.
—Tango para tres habla de un escritor que se siente bloqueado y de una cantante de tangos que fue exitosa y ya no canta. ¿Alguna vez vos te sentiste bloqueado o pensaste en parar y descansar?
—Nunca… En algún momento de mi carrera, hace muchos años, cuando había una pausa, tenía mis dudas y me preguntaba qué pasaba, que no tenía ofertas. Pero solamente era un momento de crisis y quizá era apenas un mes. Siempre fui un hombre afortunado con mucho trabajo y antes de terminar un proyecto, ya tenía otra propuesta. Creo que la única vez que pensé en dejar todo fue antes de empezar a trabajar, cuando me vine de Paraguay para hacer mi carrera, y vi que la cosa no funcionaba, que costaba mucho. Y pensé en volverme.
—Eras locutor en Paraguay.
—Sí. Vine a estudiar y a desarrollar mi carrera porque allá no había mucha actividad para los actores. Y además hay un detalle muy importante: todavía no teníamos televisión en Paraguay. En cambio, acá la televisión estaba fulgurante. Entonces, yo soñaba con estar ahí y hacer cine, por eso es que me vine.
—¿Y fue difícil concretar ese sueño?
—Sí. Pasaron tres años de estudio, siete u ocho años más de espera; iba a tocar puertas y no pasaba nada. Pensé en volverme a Paraguay y trabajar en una radio como locutor. No lo hice.
—¿Por qué?
—Porque apareció algo. Si no, no estaríamos hablando hoy [risas]. Daniel Tinayre y Mirtha Legrand me llamaron para hacer 40 kilates en teatro. Y Mirtha ya era una estrella, así que eso me valió como si hubiera hecho cinco éxitos en televisión. En ese elenco yo era el único desconocido y la gente empezó a interesarse por saber de mí, y los periodistas me hicieron notas. No hubo una amistad con Mirtha, pero sí un respeto mutuo. Y cada vez que voy a sus programas, hablamos del tema.
Un éxito tras otro
—¿Y en televisión el primero en darte una oportunidad fue Alberto Migré?
—Sí, en un ciclo de verano, de tres meses. En aquella época el verano en la televisión era temporada baja y no apostaban a una programación importante. Entonces él escribió tres historias, una por mes. Y los protagonistas éramos Alicia Bruzzo, Osvaldo Brandi y yo. Eso fue lo primero que hice. Después hubo un reencuentro con Migré y pude participar de grandes éxitos. Era una novela por año sin parar.
—Trabajaste con grandes heroínas, ¿hay alguna preferida?
—No. Tampoco nos hicimos amigos, pero sí tengo una simpatía por todas; nos llevamos bien. Siempre fui muy respetuoso. Algo que tal vez me caracteriza es que he cuidado a mi compañera. No soy de los que piensan en lucirse y punto. Las telenovelas eran historias de pareja; entonces, cuanto más espléndida, dulce y hermosa esté mi compañera, mejor voy a estar yo.
—¿Tampoco guardás especial cariño por alguna de tus novelas?
—Obviamente, Piel Naranja. También por Pobre diabla porque fue la primera novela que protagonicé con Solita Silveyra. Había hecho una participación en Rolando Rivas, pero el primer papel importante fue en Pobre diabla. Después vino otra que no tuvo suerte con Solita y con China (Zorrilla). Se llamó Mi hombre sin noche, pero no pasó nada porque hubo un movimiento político dentro del país y se cortó; fue cuando el gobierno de turno decidió intervenir los canales. Migré tenía dos programas, uno con (Claudio García) Satur y este nuestro, y le pidieron que se quedara con uno y el canal se decidió por el otro porque tenía un auspiciante. Después vino Piel naranja. Fue una época dorada de la televisión donde las novelas empezaban en el mes de marzo y terminaban en diciembre, y en septiembre ya te llamaban de la gerencia para renovar el contrato.
—Otra novela que quedó en la memoria de la gente fue Amo y señor, con las cachetadas que le dabas a Luisa Kuliok…
-Muchos decían que era violencia de género, pero no es cierto. No se pensó así sino como un juego de seducción; ella también me daba cachetadas. Y con el personaje que hice en Valientes, Laureano, me catalogaron de violento porque maltrataba a la empleada. Por ejemplo, había una escena en el escritorio y ella venía, creo que era Julia Calvo, y me traía algo. Y enseguida yo le decía “va, va, va”, como echándola. Se me ocurrió a mí y quedó. Con Valientes empezaron a conocerme otras generaciones y eso me gustó. También con Los Únicos me conocieron los chicos. Si bien no es una de mis preferidas, porque además fue la última que hice, es la que me abrió la posibilidad de que un público joven supiera que hay un actor que se llama Arnaldo André. Y recuerdo también que hice una participación en Verdad/Consecuencia, donde mi personaje tenía una historia con Emilia Mazer, era un tipo sexualmente violento y los besos no eran nada suaves. A mí me encanta hacer ese tipo de personajes porque están lejos de mí y los actores tenemos que crear para convencer al televidente. De alguna manera, somos mentirosos porque tenemos que mentir para convencerte, por ejemplo, que yo soy o violento, o soy tímido.
—¿Cómo es el Arnaldo que no miente?
—Soy sincero, como buen escorpiano, digo lo que me molesta. No me quedo callado. No soporto la injusticia. A veces lo hablo con mis amigos. Cuando veo que hay una cierta violencia callejera, hasta en una relación de matrimonio, me meto.
—¿Y cómo es tu rutina diaria?
-Me gusta mucho desayunar con frutas. De chico, en Paraguay la fruta era la alimentación más importante y nosotros éramos muy humildes y no teníamos muchas posibilidades. Entonces me acostumbré a comer muchas frutas, las que pudiera conseguir. Me gustan mucho las verduras también, pero como de todo. Y al mediodía voy al gimnasio, cerca de mi casa. Ahora tengo que retomar porque con el estreno dejé. Me cuido mucho.
—Se te ve muy bien, ¿alguna fórmula secreta?
—Todo eso que dije y el humor. Soy un tipo que hace bromas constantemente. Me levanto todos los días con una energía que, a veces, me sorprende. Además, para mí la mañana es el momento más feliz de mi vida porque estoy tranquilo, no hay nadie en la casa, desayuno mi fruta en la cocina. Dios me sigue dando energía.
Para agendar
Tango para tres, todos los jueves a las 20, en el Teatro Regina (Av. Santa Fe 1235). Entradas desde $ 40.000.
La Nación